La llegada de los globos aerostáticos a Italia
Cuando los hermanos Montgolfier inauguraron el primer vuelo aerostático en Francia en 1783, toda Europa quedó fascinada por esta nueva maravilla de la tecnología.
Italia no se quedó atrás: entre 1783 y 1784 se multiplicaron los experimentos, de Roma a Verona, de Pavía a Milán, en los que participaron científicos, curiosos y nobles deseosos de participar en lo que parecía una revolución en la forma de ver el mundo.
También Venecia, con su inclinación natural por el espectáculo y la novedad, acogió inmediatamente el entusiasmo aerostático.
La huida veneciana de 1784
En abril de 1784, un grupo de patricios venecianos -entre ellos las familias Spinola y Avanzetti- organizó el lanzamiento de un globo aerostático.
El acontecimiento atrajo a una gran multitud: la ciudad, que siempre había sido aficionada a las ceremonias públicas y los acontecimientos extraordinarios, no podía permanecer indiferente ante un globo que se elevaba hacia el cielo de la laguna.
Como en los primeros experimentos franceses, se colocaron en el globo un gato y un perro, para poder observar los efectos del vuelo en los seres vivos.
El globo, sin embargo, no voló muy lejos: llegó hasta la cercana isla de Burano, donde su caída asustó a un campesino, episodio que se convirtió en una anécdota muy extendida en la ciudad.
Guardi y la imagen del acontecimiento
El pintor Francesco Guardi, agudo observador de la vida veneciana, retrató el episodio en un lienzo que capta la atmósfera suspendida entre el asombro y la curiosidad.
El cuadro capta no sólo la escena del vuelo, sino también la reacción del público: asombro, incredulidad, la conciencia inmediata de presenciar algo nuevo.
Es uno de los primeros testimonios figurativos de la presencia de globos aerostáticos en Venecia, y nos permite imaginar cómo debió de ser el acontecimiento a los ojos de los contemporáneos.
Francesca Buschini y el Casino dei Mongolfisti
En la mañana del 5 de mayo de 1784, Francesca Buschini -una de las figuras más próximas a Casanova en sus años venecianos- observó otro vuelo aerostático desde la terraza de su casa.
Las crónicas también recogen su presencia en el Casino dei Mongolfisti, lugar de reunión de los entusiastas del nuevo invento.
El hecho de que una mujer -además joven y de cierto espíritu- participara en tales acontecimientos confirma cómo la llegada de los globos aerostáticos se percibía como una verdadera atracción de la ciudad.
Los celos de Casanova
Zaguri informó a Casanova de la presencia de Buschini en el Casino dei Mongolfisti, y esta simple noticia tuvo un efecto inesperado.
Casanova, ahora lejos de Venecia, reaccionó con intensos celos, interpretando este gesto como una falta de lealtad.
Su irritación fue tal que interrumpió la correspondencia con la joven durante casi dos años.
Es un episodio que nos muestra a un Casanova muy humano, vulnerable, profundamente apegado al recuerdo de sus afectos.
Una ciudad curiosa y moderna
El interés de Venecia por el globo aerostático no era un caso aislado, sino parte de una apertura más amplia a las innovaciones científicas.
Zaguri, siempre curioso por los inventos de su época, hablaba de ellos con el mismo entusiasmo con que comentaba obras de teatro o acontecimientos mundanos.
Este episodio -a medio camino entre la ciencia y la vida privada- nos ofrece una Venecia viva, dispuesta a dejarse sorprender, y dos protagonistas de la Venecia del siglo XVIII atrapados en un momento de modernidad y auténtica emoción.
