Este artículo nace de las contribuciones científicas de nuestros historiadores, reelaboradas por la redacción del museo para su disfrute digital.
Resumen
Entre 1772 y 1798 Giacomo Casanova y el patricio veneciano Pietro Zaguri mantuvieron una amistad documentada por alrededor de 120 cartas en italiano. Nacida de un apoyo decisivo para la rehabilitación de Casanova, su correspondencia ofrece un testimonio íntimo de la sociedad veneciana a finales del siglo XVIII y devuelve el valor humano e histórico de un vínculo que siguió siendo fuerte incluso después de la despedida definitiva de Casanova de Venecia.
Sumario
Una amistad construida a lo largo del tiempo
120 cartas entre Venecia y Europa
De la rehabilitación al vínculo personal
Lo que cuentan las cartas: política, sociedad, vida privada
Una fuente histórica sobre la Venecia de finales del siglo XVIII
Una amistad construida a lo largo del tiempo
Tras la partida definitiva de Casanova de Venecia (1783), la relación con Pietro Zaguri continuó por más de veinte años a través de una intensa correspondencia. Sin embargo, el vínculo nació antes: Zaguri fue decisivo ya en el verano de 1772, comprometiéndose en la rehabilitación de Casanova.
Sin conocer personalmente a Casanova, Zaguri logró la revocación del exilio junto a Marco Dandolo y Francesco Grimani, amigos venecianos de Casanova. El primer contacto directo tuvo lugar en otoño de 1772 en Trieste.
120 cartas entre Venecia y Europa
La correspondencia se compone de alrededor de 120 cartas en italiano, fechadas entre 1772 y 1798. El número exacto sigue siendo incierto, ya que algunos papeles del legado casanoviano no están datados.
Un elemento importante se refiere a la transmisión del texto: toda la correspondencia fue publicada en 1918 por Pompeo Molmenti en los Carteggi Casanoviani, pero en algunos pasajes fue fuertemente abreviada, alterando el original.
De la rehabilitación al vínculo personal
La amistad se intensificó cuando Casanova, tras su regreso a Venecia en noviembre de 1774, vivió durante un tiempo en el palacio de Zaguri en Campo San Maurizio. Aquella estancia consolidó una familiaridad que resistió incluso después de la partida definitiva de Casanova (1782/1783, según la cronología reportada en el texto).
En la casa de Zaguri, Casanova conoció probablemente también a Lorenzo Da Ponte, quien fue durante un tiempo secretario y “compañero de estudios” de Zaguri, según cuenta en sus memorias.
Lo que cuentan las cartas: política, sociedad, vida privada
Un “boletín” desde Venecia
Zaguri informaba regularmente a Casanova sobre las novedades venecianas: elecciones y cargos de los patricios, disputas internas, cotilleos sociales. Ambos compartían conocidos y referencias comunes: Zaguri también conocía al hermano de Casanova, Francesco, pintor de batallas.
Crítica y sarcasmo
Las cartas de Zaguri no escatiman juicios mordaces: patricios, galanes, mujeres de costumbres ligeras, e incluso Lorenzo Da Ponte (a quien en cierto punto Zaguri echa de su casa). Esta franqueza convierte la correspondencia en una fuente viva e “interna” sobre la sociedad veneciana.
Confidencias personales
Además de la vida pública, emergen detalles íntimos: relaciones con mujeres y cuestiones de salud. Zaguri habla de gota y problemas de dientes, encías y oídos; responde con indignación a las dificultades de Casanova con el personal del castillo de Dux.
La prudencia en la escritura
El propio Zaguri reconoce el peligro de ciertas confidencias: advierte a Casanova que no haga circular las cartas, porque podrían contener pasajes “escapados de la pluma” que regresarían a Venecia.
Una fuente histórica sobre la Venecia de finales del siglo XVIII
La correspondencia entre Casanova y Zaguri es más que un documento personal: es un testimonio directo de la Venecia de finales del siglo XVIII, vista desde dentro y narrada con un tono íntimo, en ocasiones mordaz.
En este sentido, las cartas no describen solo a los individuos, sino que transmiten el clima de un mundo encaminado hacia un cambio irreversible.