Un siglo en transformación
Las últimas décadas del siglo XVIII fueron un periodo de inquietud y gran movilidad de ideas.
Pietro Zaguri, que permaneció en su Venecia natal, y Giacomo Casanova, ya instalado en Dux, observaron los mismos acontecimientos desde perspectivas diferentes, pero unidos por una conciencia idéntica: el mundo aristocrático en el que habían crecido estaba perdiendo su forma.
Su diálogo epistolar revela, casi en filigrana, las grietas de un orden político y social que parecía inmutable, pero que en cambio se dirigía rápidamente hacia la disolución.
Zaguri y la Revolución Francesa
Cuando las primeras noticias de la Revolución Francesa llegaron a Venecia, Zaguri siguió de cerca su desarrollo, alternando entre la curiosidad y la inquietud.
En los sonetos y epigramas que a veces enviaba a sus amigos, y en las reflexiones que compartía con Casanova, comentaba:
- la violencia de los revolucionarios,
- la caída de la monarquía,
- la ejecución del rey, acontecimiento que conmocionó a toda Europa.
Aunque criticaba los excesos, percibía que aquellas ideas -por lejanas que fueran- también sacudían los cimientos de la sociedad veneciana.
La crisis del patriciado veneciano
Zaguri, que conocía íntimamente la vida política veneciana, juzgaba a menudo con dureza a su propia clase.
A veces la describía como cansada, poco inclinada al deber, demasiado atraída por los pasatiempos mundanos para darse cuenta de las grietas que se abrían en el sistema de gobierno.
En una frase que se hizo famosa en sus cartas, escribió:
«Porque todo es mejor que en el Consejo, siempre; en el Senado casi siempre; en las Magistraturas se está mejor en el Baño».
Una broma amarga, que resume la percepción de una clase dominante refractaria al cambio.
Incluso su hijo mostró simpatía por las ideas democráticas y burguesas, señal de una transformación generacional imposible de ignorar.
Casanova de Bohemia
Casanova, que desde 1785 ocupaba el cargo de bibliotecario en el castillo bohemio de Dux, vivió la misma fase histórica con una conciencia distinta pero no menos intensa.
Las cartas de Zaguri fueron para él un puente hacia la vida veneciana y hacia el movimiento de ideas que recorría Europa.
Desde el austero silencio de Bohemia, observó la decadencia del mundo aristocrático de su juventud:
los salones, las brillantes conversaciones, los juegos de poder, todo parecía perder sustancia a medida que nuevas ideologías remodelaban el orden social.
Victorias napoleónicas
La llegada de las tropas francesas a Italia y las victorias de Napoleón Bonaparte tuvieron un impacto devastador en Venecia.
Zaguri siguió de cerca los acontecimientos, comentándolos en sus cartas con una amarga ironía, consciente de que la Serenísima ya no tenía medios para resistir.
La llegada de las tropas francesas a Italia y las victorias de Napoleón Bonaparte tuvieron un impacto devastador en Venecia.
Zaguri siguió de cerca los acontecimientos, comentándolos en sus cartas con una amarga ironía, consciente de que la Serenísima ya no tenía medios para resistir.
La disolución de la República en 1797 marcó el final de un sistema político milenario.
Para Zaguri, fue un duro golpe: un ocaso no sólo institucional, sino también cultural y existencial.
Un epílogo compartido
Casanova murió primero, en 1798, lejos de su ciudad natal.
Zaguri le siguió unos años después, en marzo de 1806, dejando a su esposa una finca ahora arruinada, casi un símbolo material de la decadencia de su familia y de la clase patricia a la que pertenecía.
Las vidas de los dos amigos -tan diferentes y tan profundamente entrelazadas- terminan ambas a la sombra del mismo cambio de época: el fin de la Serenísima, y con él el fin de un mundo que había definido su identidad.
