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¿Quién era Pietro Zaguri? Retrato de un patricio veneciano del siglo XVIII

Sabine HerrmannSabine Herrmann
Resumen
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Orígenes y familia

Pietro Zaguri nació en 1733 en el seno de una familia que se había trasladado a Venecia ya en el siglo XVI desde la ciudad portuaria de Cattaro, en el sur de Dalmacia. Los orígenes levantinos de la familia se recuerdan tanto por su nombre original, «Saraceni», como por el escudo familiar con una cabeza de moro estilizada.
La entrada en el patriciado veneciano, lograda sólo a mediados del siglo XVII, marcó un momento decisivo en el ascenso social de la familia, que, sin embargo, nunca alcanzó la riqueza e influencia de los linajes más antiguos.

Matrimonio y posición social

En 1761, Zaguri se casó con Ludovica Grimani, ingresando así en una de las familias más prestigiosas de la nobleza veneciana. De la unión nació un hijo único, también llamado Pietro, pero murió prematuramente en 1795, privando a Zaguri de un heredero y agravando la fragilidad económica de la familia.
Aunque el matrimonio le había asegurado importantes lazos dentro de la aristocracia, esto no bastó para consolidar de forma permanente la posición económica de los Zaguri.

Cargos públicos y condiciones económicas

Pietro Zaguri ocupó diversos cargos públicos a lo largo de su vida, como Avogadore del Comun y Senador. Se trataba, sin embargo, en su mayor parte de funciones honoríficas, que no implicaban protagonismo en las decisiones políticas de la República.
La familia vivía con medios más bien modestos, tanto en el palacio Zaguri de Campo San Maurizio, hoy sede del Museo Permanente dedicado a Casanova, como en la villa campestre de Altichiero, cerca de Padua.
El juicio de Lorenzo Da Ponte, que lo define como «más generoso que rico, y más amigo de los demás que de sí mismo», resume bien la condición de patricio afable y culto, pero no especialmente rico.

Viajes y relaciones culturales

Aunque no estaba dotado de grandes riquezas, Zaguri mostró un gran interés por el mundo y la cultura. En 1780, realizó un viaje a París, central en la vida intelectual europea de la época, mientras que entre 1788 y 1790 viajó a Constantinopla, aceptando la invitación de un amigo que era embajador en el Imperio Otomano.
Estos viajes -por su excepcionalidad en el contexto de una nobleza a menudo poco dispuesta a desplazarse- dan testimonio de una personalidad curiosa, abierta y deseosa de conocer realidades diferentes, al tiempo que permanecía firmemente apegada a los ritmos y valores de la sociedad veneciana.

El declive de la Serenísima

Zaguri vivió en primera persona uno de los periodos más complejos de la historia veneciana: las últimas décadas de la República de Venecia. Fue un atento observador -a veces crítico, a veces resignado- de los cambios políticos y culturales que estaban transformando Europa.
Miraba con recelo los ideales de la Revolución Francesa, especialmente sus manifestaciones más violentas, y a menudo comentaba los acontecimientos contemporáneos en breves notas, sonetos y reflexiones privadas.
Su correspondencia también atestigua una creciente desconfianza hacia el patriciado veneciano, al que juzgaba irresponsable y no a la altura de la misión de gobierno que la historia había confiado a la ciudad.

Los últimos años

La fase final de la vida de Zaguri se caracterizó por las dificultades económicas y familiares. La muerte de su hijo en 1795 fue un golpe doloroso, al que se sumaron los gastos cada vez más onerosos de la gestión del palacio y la hacienda, agravados por el incierto contexto político y económico.
Cuando murió, en marzo de 1806, dejó a su esposa Ludovica un patrimonio reducido, formado casi exclusivamente por propiedades en mal estado e hipotecas. A la muerte de su hermano Marco, obispo de Vicenza, el patrimonio pasó a manos de sus acreedores.
Zaguri destinó lo que quedaba de sus posesiones a la diócesis y a fines caritativos, poniendo fin así a la historia de la familia, marcada por un breve ascenso patricio y un declive igualmente rápido.

Más información

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Sabine Herrmann

Sabine Herrmann

Sabine Herrmann es historiadora de la cultura del siglo XVIII y conservadora del proyecto científico del Museo Permanente dedicado a Giacomo Casanova en el Palacio Zaguri. Sus investigaciones se centran en el mundo intelectual en el que se movía Casanova, con especial atención a la correspondencia y a la historia cultural europea del siglo XVIII.

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