Dos destinos que se cruzan
En la Venecia del siglo XVIII, cuando la ciudad vivía suspendida entre el esplendor y la decadencia, dos hombres se reconocieron similares en inteligencia y diferentes en destino.
Giacomo Casanova: el inquieto, el hombre que desafiaba todos los límites.
Pietro Zaguri: el patricio culto, guardián del saber y la diplomacia.
De este encuentro nació una amistad que marcó dos vidas y que, hoy, vuelve a vivir entre estos mismos muros.
El palacio Zaguri era un lugar de conversación y curiosidad.
Aquí se discutía de ciencia, política, teatro y filosofía, entre música y brindis.
Casanova entró en este mundo como un espíritu libre y brillante: un invitado que pronto se convirtió en confidente y cómplice.
Zaguri le escucha, le apoya, le introduce en el laberinto del poder y las relaciones que pueden hacer o deshacer a un hombre en la Serenísima.
«Venecia pertenece a los que se atreven: y tú, Giacomo, has hecho de ello un arte».
Protección y lealtad
Cuando la fortuna se vuelve en su contra y las acusaciones se ciernen sobre Casanova, es también gracias a la red de amigos patricios, con Zaguri a la cabeza, que Giacomo Casanova encuentra refugio y nuevas oportunidades.
Entre bastidores, los consejos y las recomendaciones se convierten en un escudo y en la clave de su futuro.
Aquí nace un vínculo que va más allá de lo mundano: la gratitud se convierte en confianza.
Memoria en estos pasillos
En la vida del libertino más famoso de Europa, ningún amigo fue tan constante como Pietro Zaguri.
Aquí, en su casa, el eco de su amistad se convierte en una historia: cada habitación es un fragmento de lo que fueron y de su relación.
El último testimonio se confía al papel: las cartas se convierten en un legado, y en ellas encontramos una historia de lealtad, inteligencia y profunda humanidad.
Palacio Zaguri
El palacio Zaguri era la residencia veneciana donde Pietro recibía a eruditos y viajeros: un lugar de ideas e intercambios que contribuyó a definir su relación con Casanova.
Me digo...
En mis cartas guardé lo que no me atrevía a decir: los afectos, los miedos, las confidencias y los sueños de un hombre libre. Leyéndolas, es mi voz la que vuelve a hablarte.