Una relación de 20 años
La correspondencia entre Giacomo Casanova y Pietro Zaguri es uno de los testimonios más preciosos de la Venecia de finales del siglo XVIII. Tras su marcha definitiva de Venecia en 1783, Casanova mantuvo una correspondencia con el patricio veneciano que duró más de veinte años, llena de noticias, sentimientos, ironía y reflexiones sobre un mundo que estaba cambiando.
Este intercambio epistolar no es sólo una crónica privada, sino un verdadero retrato de la sociedad veneciana en los últimos años de la Serenísima.
La amistad entre Casanova y Zaguri nació en otoño de 1772 en Trieste, cuando ambos se encontraron por primera vez. Unos meses antes, fue el propio Zaguri -junto con los patricios Marco Dandolo y Francesco Grimani- quien había trabajado para obtener la revocación del exilio impuesto a Casanova en 1755.


El periodo en el Palacio Zaguri
La intensidad de su relación creció especialmente tras el regreso de Casanova a Venecia en noviembre de 1774, cuando vivió durante un tiempo en el magnífico palacio Zaguri de Campo San Maurizio.

Se trata de un pasaje fundamental en su vida veneciana: fue precisamente en casa de Zaguri, en 1777, donde Casanova conoció probablemente a Lorenzo Da Ponte, que en aquellos años era secretario y «condiscípulo» de Zaguri, según cuenta el propio Da Ponte en sus memorias.
Este vínculo entre los tres hombres muestra cómo el palacio Zaguri fue un lugar de encuentros y relaciones intelectuales decisivas para la cultura veneciana de la época.
Cartas: lo que cuentan
Tras la nueva despedida de Venecia en 1783, la correspondencia se hizo constante:unas 120 cartas escritas en italiano, que abarcan desde 1772 hasta 1798. El contenido abarca desde la política a los cotilleos, desde la vida cultural a las confidencias íntimas.
Las cartas constituyen un vívido fresco de la ciudad y la sociedad venecianas. Zaguri informa a Casanova de las elecciones y los cargos en el Senado, de las disputas internas en el patriciado y de los salones mundanos. Los dos amigos intercambian libros, textos, opiniones literarias y comentarios teatrales. La vida cotidiana, el funcionamiento del palacio Zaguri, los encuentros mutuos y la red de conocidos surgen con naturalidad entre líneas llenas de detalles y agudas observaciones.
Confidencias, ironía y vida cotidiana
La correspondencia es también extraordinariamente personal. Los dos amigos comparten problemas de salud -dientes postizos de porcelana, gota recurrente, dolencias de oído- y hablan con franqueza de sus relaciones sentimentales, celos y pequeñas traiciones percibidas. Es famoso el episodio de 1784, cuando Zaguri informa a Casanova de que Francesca Buschini había sido vista en el «Casino dei Mongolfisti»: la noticia hiere tanto a Casanova que interrumpe su correspondencia con la joven durante casi dos años.
El tono de las cartas está marcado a menudo por la ironía, a veces feroz. Conocedor de la libertad con la que escribe, Zaguri advierte a Casanova que no haga circular sus misivas, para evitar vergüenzas o problemas políticos en la todavía férreamente controlada Venecia. En una carta fechada el 16 de marzo de 1792, incluso bromea sobre los malentendidos de Casanova con el personal del castillo de Dux: Me sorprende que no haya matado a ninguno de ellos».


El valor histórico de la correspondencia
El valor histórico de esta correspondencia es excepcional. Por un lado, Zaguri observa desde dentro la lenta decadencia de la Serenísima, comentando con lucidez -y a veces con resignación- los signos del colapso político y social. Por otra, Casanova aparece en una fase más reflexiva y meditativa de su vida, empeñado en defender su dignidad, alimentar sus ambiciones intelectuales y mantener vivos sus vínculos con la nobleza veneciana.
La correspondencia también es fundamental desde el punto de vista lingüístico: conserva formas coloquiales, sarcasmos, locuciones venecianas, interferencias francesas y una espontaneidad que las primeras ediciones a menudo atenuaban o censuraban.
Estas cartas, leídas hoy, restituyen no sólo el retrato de una profunda amistad, sino también el de un mundo cambiante: dos hombres distantes, unidos por el recuerdo de Venecia, observan y comentan una época que se acerca rápidamente a su fin.
